En la parábola, el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va tras la oveja perdida. Sólo Dios puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, Jesús hace saber a ellos y a nosotros: tú vales más que las otras 99 ovejas. Dios te sigue, y si tú te conviertas, tienes que saber que habrá mucha alegría en el cielo. Isaías nos recuerda lo que está en corazón de Dios: Te tengo grabado en la palma de mi mano, Tu eres precioso a mis ojos, Yo te amo.
Eco del evangelio
8/11/2018
P. Pedro Pablo Garín
*En el inicio del Mes de María, enséñanos a amar y a servir como tú *