Jesús le dice a sus discípulos que para entrar en el Reino hay que hacerse pequeño como un niño, esto los  deja confundidos.

Nadie débil, pequeño o sin voz puede ser pasado por alto.  Les señala que los dones de los niños son su inocencia, humildad y honestidad, que son signo de su grandeza. El poder político, económico o intelectual no es un signo de grandeza. Pidamos al Espíritu Santo que arroje luz en nuestra vida de modo que podamos ver cómo ve Jesús, reconocer las pequeñas voces, los brotes tiernos y los frágiles inicios donde Dios está haciendo crecer la vida.

Eco del Evangelio

13/08/2019

P. Pedro Pablo Garín