Cuando Jesús sana al leproso, le da mucho más que la salud. Lo reintegra a la sociedad y a la familia y le da la posibilidad de volver a dar gloria a Dios en el templo. A los leprosos de hoy, Jesús quiere sanarlos a través de nuestra acción. Hoy son muchos los seguidores de Jesús que se ocupan de los leprosos, de los que sufren sida, de los enfermos, adultos mayores, víctimas de la violencia y solitarios a quienes nadie quiere cuidar; al hacerlo, ellos restauran la dignidad incomparable de los hijos de Dios. Sabemos que esta dignidad, nadie se las puede arrebatar, porque en sus enfermedades y miserias es el mismo Dios quien reclama nuestra solidaridad y nuestro amor.

Eco del Evangelio

11/01/2019

P. Pedro Pablo Garín