Al comenzar este tiempo de adviento se nos regala este evangelio en que el centurión romano exclama que no era digno de que Jesús entrara a su casa, intercede con amor por su servidor que esta enfermo, sin importarle el romper el que dirán y el hacerlo humildemente.
Comencemos este nuevo año litúrgico, aprendiendo y pidiendo la Fe y el amor del soldado romano – una persona odiada por los habitantes de Cafarnaúm, pero con una fe humilde. Su persona se transforma en la imagen de la venida de Jesús y su Reino a todas las naciones.
La oración, que es tan importante en nuestras vidas, nos haga mas humildes, para que podamos conocer que somos de esas naciones y alcanzar su Reino y su Amor. Que no sea yo ciego de no presentarle al Señor las necesidades de tantos hermanos que sufren, empezando por los cercanos. Y que mi corazón se llene de gozo pues el Señor está conmigo bajo mi techo, en mi corazón. Digámosle que una palabra suya nos sane, para poder mirar, amar y creer ante toda adversidad.
Preparemos el corazón para nuestra consagración a María Reina de Chile.
Eco del Evangelio
2/12/2019
P. Pedro Pablo Garín