A través del siguiente testimonio, que narra un suceso que tuvo lugar en las cercanías de nuestra parroquia. El Padre Pedro, nos mueve a reflexionar sobre la cruz de la soledad que tantos hermanos cargan, y como un simple gesto, puede hacer un cambio gigantesco en los corazones.
Era un día de esos en que, el sacerdote, se había reunido en casa de unos hermanos para organizar la pastoral social de la parroquia.
Salimos de la reunión contentos, luego de compartir los sueños y ver como ir organizándonos.
Junto a una hermana de la parroquia, íbamos caminando hacia la parroquia, nos encontramos con una anciana que estaba abrazando un árbol, con su otra mano sostenía su pequeño bastón.
Nos acercamos a ella pensando que se sentía mal y le preguntamos que tenía, si necesitaba ayuda. Ella nos respondió que estaba muy triste y angustiada, nos decía que había salido de su casa a abrazar un árbol cerca de la calle, pues le habían dicho que los árboles al ser abrazados daban energía.
Me presenté que era sacerdote de la iglesia cercana, ella se alegró mucho de saberlo, y nos abrió el corazón, nos contó de sus penas y angustias, la escuchamos y tratamos de consolarla. Le dijimos que la íbamos a venir a ver y acompañarla.
El sacerdote le dijo por qué en vez de abrazar el árbol no le daba un abrazo a él y en ese momento, sus brazos frágiles abrazaban al sacerdote que había pasado por el camino, sus ojos se llenaron de lágrimas de alegría y de paz
Recibió la bendición y nos despedimos.
Al llegar a la parroquia nos detuvimos y nos dijimos, mutuamente, que habíamos tenido un momento de mucha bendición, pues habíamos recibido un abrazo de Dios a través de esta anciana.
La anciana luego de este encuentro supimos que repitió y sintió que esa tarde, en la calle y junto al árbol, Dios le había dado un abrazo de paz y de consuelo.
Es tan poco y es mucho lo que podemos hacer, es el solo poder detenernos ante el dolor humano y dejarnos abrazar por la realidad dolorosa de tantos hermanos que sufren soledad, hacerlo sin temor, nos permitirá a nosotros recibir el abrazo de Dios.
Acompañar la soledad, es un llamado y un desafío que nos hace el Señor hoy día. Que podamos repetir para que nuestro corazón escuche, “Nadie solo, Nadie solo”.
Bendiciones
Pedro Pablo Garín
Sacerdote, abril 2023