La noche del miércoles 24 de diciembre, vivimos una Navidad profundamente significativa en el Parque San Juan Pablo II, donde nos reunimos para celebrar juntos la Misa de Nochebuena. Fue un encuentro lleno de signos, gestos y palabras que nos ayudaron a disponernos para acoger al Dios que nace humilde, en medio de su pueblo.
Antes de la Eucaristía, los niños del Taller de Navidad, junto a sus monitores, adultos y jóvenes, nos regalaron una hermosa obra navideña. Con ternura y sencillez, nos ayudaron a entrar en el misterio del nacimiento de Jesús. Sus rostros llenos de alegría y la dedicación en cada escena tocaron nuestros corazones.
Luego, vivimos un momento de recogimiento en la Misa, donde en su homilía, el Padre Andrés nos invitó a abrir el corazón a un Dios que no nace en el poder, sino en la fragilidad del pesebre: “Dios ha optado por cada uno de nosotros, porque nos ha escuchado, porque ha escuchado ese anhelo profundo de ser amados y queridos por quienes somos, con nuestras pobrezas y nuestras riquezas”. También nos recordó que cada Belén es una escuela de fe: “Belén es todos los domingos del año; Belén es cada Eucaristía; Belén es la vida cristiana de cada día”.
Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue el de las ofrendas, donde los voluntarios que durante el año acompañaron a los peregrinos del Jubileo de la Esperanza, ingresaron en procesión. Ahí, entregaron sus pecheras como signo de cierre de esta etapa, en un gesto lleno de gratitud, servicio y amor. Fue un acto sencillo, pero que nos emocionó y renovó nuestro compromiso de seguir sirviendo con alegría.
Al finalizar la Misa, recibimos una tarjeta de Navidad elaborada por los mismos niños del Taller de Navidad de la parroquia, que contenían dibujos hechos por ellos, verdaderas obras llenas de color y esperanza. Este gesto fue acompañado por una bendición especial del Padre Andrés, que selló la noche con un envío pastoral que preparó nuestro espíritu para el nacimiento de Jesús.
Te compartimos lo vivido en las imágenes a continuación.