Nuestra Semana Santa fue un verdadero camino espiritual, que nos condujo paso a paso por el misterio del amor de Dios.
El Jueves Santo rememoramos el servicio y la entrega de Jesús en la Última Cena, a través del lavatorio de pies y la Eucaristía. Cristo se hizo alimento y, al mismo tiempo, Maestro del servicio, recordándonos que amar es darse con humildad y generosidad.
Comenzamos el Viernes Santo con el retiro parroquial y como es tradición, el Via Crucis para los niños y más tarde para toda la comunidad. En un clima de silencio y oración, muchos acompañaron a Jesús en su camino hacia la cruz, para luego, adorar el madero donde se ofreció por entero.
El Sábado Santo hubo una jornada especial con la Pascua Joven que preparó el espíritu comunitario para la Vigilia Pascual, recordando que la oscuridad no tiene la última palabra.
En su homilía, nuestro párroco padre Andrés, enfatizó en que debemos colocar todos nuestros sentidos para anunciar a Cristo. "Vengan a ver". "Nosotros hoy, hombres y mujeres, de toda edad y toda condición, debemos ser valientes para anunciar que Dios resucitó y está con nosotros", invitó.
Esta misma noche celebramos la gran alegría que cuatro jovenes recibieron el sacramento del Bautismo. "Hoy ellos nos dicen que vale la pena creer", expresó el padre Andrés.
Bienvenidas Camila de los Ángeles Vial Galaz, Camila Ignacia Correa Videla, María José Gonzalez Muñoz, Ema Saavedra.
El Domingo de Resurrección reunió a una multitud que celebró con alegría y fe renovada que Cristo vive. Su triunfo sobre la muerte se hizo canto, luz y esperanza para todos, renovando el compromiso de ser testigos de esa vida nueva en lo cotidiano.
¡Feliz Pascua, que el Resucitado sea motivo de alegría y gozo en nuestra vida!